TE SENTARÁS A MI MESA

Nieto de Saúl, el primer Rey de Israel, hijo de Jonatán, heredero al trono, era Mefiboset, quien como príncipe, vivía en el palacio, acostumbrado a  una vida de seguridad y abundancia.

Completamente sano y con tan solo cinco años de edad, Mefiboset tuvo que enfrentar un cambio terrible en su vida. Su abuelo y su padre murieron en la guerra un mismo día, noticia que al llegar al palacio, creó tal confusión, porque ahora que el rey había muerto, toda la familia real estaba en peligro, la nodriza de Mefiboset lo toma en brazos para huir y así poner a salvo al príncipe, y en su huida, el niño cae de sus brazos y para añadir otra tragedia a la ya existente, Mefiboset queda cojo, ó tullido. (2 Samuel 4:4).

Durante años Mefiboset vivió escondido, olvidado, discapacitado y sin esperanza en una población  ubicada en la frontera de Gad, en la región de Galaad a 16 Km. al Sur del mar de Galilea: Lo Debar(2 Samuel 9:4)

Pasados algunos años, el Rey David, quien gobernaba en Jerusalén, movido por Dios recuerda el pacto que un día había hecho con su gran amigo, Jonatán, padre de Mefiboset.

Así que manda llamar a Siba, quien había sido administrador del Rey Saúl: ¿No queda nadie de la familia de Saúl a quien yo pueda beneficiar en el nombre de Dios?”

Entones Siba le informa de la existencia de Mefiboset, al cual manda llamar.

¿Cuántas cosas han de haber pasado por la mente de Mefiboset?: “Ya  me descubrieron” “qué va a pasar conmigo” “qué le va a pasar a mi hijo Micaías” “Seguramente el rey nos va a ejecutar” “miserable de mí”

Así que llega a Jerusalén y se presenta en palacio delante del rey David, postrándose ante él, con el rostro desencajado de temor se identifica como el hijo de Jonatán.

“No temas” le dice el rey David, y a continuación le expresa las siguientes PALABRAS DE ESPERANZA: “De ahora en adelante te sentarás en mi mesa”.(2 Samuel 9:7)

Allí estaba Mefiboset, con ojos bien abiertos, hasta cierto punto incrédulo diciéndole al rey: “¿Y quién es este siervo suyo, para que Su Majestad se fije en él? ¡Si no valgo más que un perro muerto!”(2 Samuel 9:8)

En cambio David tan movido en su corazón estaba, que también le devuelve a Mefiboset las tierras que pertenecieron a su abuelo y además le da a Siba junto con sus quince hijos y veinte criados, para que estuvieran al servicio de Mefiboset.

La Biblia termina este relato diciendo: A partir de ese día Mefiboset se sentó a la mesa de David como uno más de los hijos del rey. Toda la familia de Siba estaba al servicio de Mefiboset, quien tenía un hijo pequeño llamado Micaías. Tullido de ambos pies, Mefiboset vivía en Jerusalén, pues siempre se sentaba a la mesa del rey” (2 Samuel 9:11-13).

¡Interesante historia!

Eventos como la pérdida de un ser querido, un divorcio, un hijo (a) que sale de la casa aun cuando sea para casarse ó por otro motivo, la pérdida de trabajo, una enfermedad, un aborto, etc.

a veces nos hacen sentir, que aunque físicamente estamos sanos, realmente estamos “incapacitados” (cojos o tullidos como Mefiboset) para enfrentar dichas situaciones que de repente se nos presentan en la vida.

Y digo “incapacitados” en el sentido de que no podemos hacer nada para enfrentar con valor y sabiduría dichas situaciones, y solo nos la pasamos llorando, lamentando ó quejándonos.

Lo peor del caso, es que en nuestra “incapacidad” llegamos a un Lo Debar espiritual.

“Lo” en hebreo significa “no” y “Debar” tiene su raíz en una palabra que significa “pasto o apacentadero”,  o sea Lo Debar significa “tierra seca, sin vida” o como dice Amós 6:13 “NADA”.

Entonces estamos no solo “incapacitados” sino en la “nada”, escondidos entre nuestros propios pensamientos negativos, temores, angustias, depresiones, enojos y además, por si fuera poco, sin esperanza. Sí. Sin esperanza de “nada” Lo Debar.

Si están pasando cosas en tu vida y te identificas con Mefiboset, porque te sientes “incapacitado” y en Lo Debar, en la nada, en un vacío espiritual, es tiempo que te des cuenta que el Rey te anda buscando.

El Señor Jesucristo te está llamando y él no quiere que vivas así.

Tú, como Mefiboset, puedes probar la bondad del Rey y sentarte a su mesa con él cada día, no estás solo, Cristo está contigo y quiere darte una vida de abundancia.

Si, el Rey de Reyes te está buscando y te dice estas PALABRAS DE ESPERANZA: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” Apocalipsis 3:20

Dios te bendiga.

Lupita Carrillo.

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